lunes, 28 de diciembre de 2009
lunes, 12 de enero de 2009

sábado, 27 de diciembre de 2008

¿Jugamos con nuestras manos? Cierra los ojos y déjame acariciarte con ellas, llévame tú también a un lugar seguro. Manos y música, manos y piel, caricias, expresar, pintar cosas en el cuerpo. Dejarse llevar por sensaciones, una catarsis, liberarse a uno mismo. Empezar a respirar desde dentro, llegar a los nudos, sentirlos ahora, abrirlos, desatarlos. Llorar cada vez que llueve. No dejar que se formen capas, no tener que huir de nada, un baño de agua caliente. Cierra los ojos, siente una sola de mis manos acariciarte la nuca, buscarte un sueño diminuto, uno que ya hayas olvidado. Después la otra mano, un masaje suave en el cuello con los dedos, recorrerte la espalda muy despacio, con música y aceite. Apretar un poco los nudos, deshacer incluso aquellos de los que tengo yo la culpa.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Certezas
De todos los momentos, estabas sobre todo en los últimos, en el último. Es curioso que estuvieras, por ejemplo, en algún cuento, antes incluso de conocerte. Curioso que fueras tú el que estaba en el mar, y en mis poemas. En los ruidos de la casa de al lado en otra casa, en la música y en las horas frente al ordenador, en los mundos que navegaba. En aquella ventana tan grande. Que estuvieras, incluso, en otras manos, que fueran sólo bosquejos de manos antes de las tuyas, tan grandes. Tanto mar, tanta bondad. El resumen de mis océanos. Es curioso que, a pesar de haber estado antes en todas las cosas, estuvieras sobre todo en los últimos momentos, en tu último no-beso, en la última caricia, rozarme el alma. Que sigas estando en mis montañas cada mañana, diluyéndote despacio en nuevas sensaciones.
Curiosa tu voz, al otro lado. Sólo tu voz, tu risa que aún resuena. Curioso que aquel día me perdiera en el viento y no supiera tocarte, cuando otras veces quise tocar y sólo encontré el viento; quizá por eso aprendí a convertirme en un árbol, quizá por eso ya caminara sola y no te viera, no pudiera, no supiera tocarte. Curioso, dormir más entre tus brazos cuanto más sola duermo; curioso que necesite el hilo de tu mirada para escribir, para sentir la certeza de que no sabrás todo esto, ni es necesario. Tantas contradicciones, tantos espacios, tantas veces como volamos. Siempre serás aquella luna llena de agosto, claro que llegamos a tocarnos; y siempre, pase lo que pase, podré salir cada noche a esperarte, sobre el tejado.
martes, 19 de agosto de 2008
En voz alta
Las mudanzas, las cortinas de las casas que habitaste. Un lugar en el que uno no está no es ya habitable. Puedes ir encontrándote con tu propia sombra al abrir el armario, limpiar sin darte cuenta el polvo de tus sueños en las estanterías. Puedes ser el sol de alguna primavera pasada; puedes ser una parte triste de ti misma, una vela en una catedral, el rastro de un viaje. Puedes querer escribirlos y recordarlos todos; pero no puedes, sabes que no puedes. Puedes amar lo que amaste otras veces, pegar fotos en un álbum; o, simplemente, esperar a que arda todo. Convertirte en un poemario, vender tu alma al diablo or unos versos. Volver a encontrarte contigo misma frente a estas letras. Puedes ser una mujer adulta, una adolescente, un hada. Hablar a tu guardiana, a tu mujer salvaje, reencontrar tus arcanos. Puedes desear haber sido todo en otro momento pasado, ser la que eres en el pasado, no haber sido la que fuiste; construir un castillo con un cuarto donde encerrarte a coser, hasta que un huso o una rueca te lleven de vuelta a la realidad o a un sueño del que te despertara un príncipe. Puedes asfixiarte con el tiempo por delante, o con el vértigo de tus abismos. Pero necesitas tiempo y calma, mucha calma. Te necesitas a ti, y tu cesto de recuerdos y sueños; tu fortaleza, que duerme y habita.
lunes, 2 de junio de 2008
Caleidoscopio
"El misterio está en mirar desde fuera
y no desde adentro del espejo,
desde afuera
y no desde dentro de las cosas".

jueves, 29 de mayo de 2008

Como pisar sin darte cuenta un hilo fino en el que alguien envolvió una trampa, y cuando ya se ha roto, no hay forma de arreglarlo; como el cuento de Barba Azul, como abrir esa habitación.
Como poder perderte en cualquier barra, detrás de cualquier falda, como volver a verte después de tanto tiempo; como preguntarle a tu sonrisa, acariciar tu cabeza. Como volver a no quererte o dejar de hacerlo; como seguir callando sin darme cuenta, por si acaso. Como tu rostro cuando mis lágrimas; como el miedo. Como estar desnuda, que lo estés. Como dejar un hilo... Para que tú lo pises. Como el olvido, como la vergüenza. Como el mar, como esperarte en el mar y luego estar en el aeropuerto. Como la niebla. Como ése lago con el que sueño; como necesitar mucho más tiempo. Como invitarte a cenar para hablarte de todo esto; como querer apagar el móvil para no saber. Nuestra casa. Tus recuerdos. Mis pérdidas. Una mesa. Comerte. Una tarde de lluvia, la falta de luz, la luz, la noche, un beso al despertar.
Cosas que nunca existieron
Hay tantas cosas que duelen… Tantas, que es difícil enumerarlas. Si fueran bosque les pondría nombre de árbol, y una marca a cada una, para no tener que recordarlas y buscarlas en un saco. Si fueran montaña, las escalaría cada mañana antes de comenzar. El tiempo las va convirtiendo en cosas que no existen; las va haciendo transparentes, igual que a mi. Hasta que desaparezcamos. Como el tiempo, como el mar, como los recuerdos; como todo lo que amo. Tengo la sensación de haber existido ya, de estar convirtiéndome en una sombra. Menguando, como el hombrecito de la película; qué angustioso era, verle menguar hasta ser algo diminuto que luego desaparecería. Supongo que envejecer será eso: ir perdiendo la piel de los sueños. ¿Qué son los sueños? ¿Dónde habitan? ¿Cuál es el país de las cosas que nunca existieron?
jueves, 21 de febrero de 2008
Llorar, llover

lunes, 17 de diciembre de 2007
Despertar
Ausencias

Como tejer los visillos según me enseñó mi bisabuela; como sentarme, con calma, junto a la mesa camilla. Y a oscuras, y en el silencio que sólo rompen el sonido de la luz o el repiqueteo de la lluvia en las ventanas, o una mosca que se colará en verano; sola, tejiendo los visillos, a la luz de un quinqué resucitado, rellenar tus ausencias de otras cosas, de otros mundos...
NOTA: La imagen pertenece a www.juanfrances.com
Despedida

martes, 27 de noviembre de 2007
Lembranzas
viernes, 2 de noviembre de 2007
Noviembre

Hay una parte de mi que tiene mucho miedo de encontrarse contigo, de escribirte estar carta... Será porque tiene miedo de perderte, o de hacerse daño. Hay otra que intenta desnudarse desde que te siente cerca, porque no sabe hacer las cosas de otra manera. Hay una que dice que guarda demasiados daños que no son tuyos, y otra que aprendió a superarlos. Las dos están de acuerdo en no tener prisa.
Hay una que se quedó en la Isla, sola, mirando al mar, casi al principio de conocer a A, cuando le cerraron las puertas. Y otra que se empeñó en buscarse dentro, en escribirle cartas, en no renunciarse. Hay una que duerme a tu lado, sin importarle nada más, que se deja llevar y siente que todo está bien recostada en tu hombro porque sabe que, si algún día no está, tiene su propio lugar al que volver. Una que ama tus ojos y todas las historias que esconden, que ama ésas historias y el tiempo que llevará desenredarlas, que sabe que nuestras historias también nos permiten amarnos; porque cree, como Martín Garzo, que amar es buscar un misterio en el otro. Hay otra que quiso darse y no encontró a alguien que quisiera recibirlo, y se miró tantas noches en el mar que llegó a sentirse feliz allí, sin necesitar nada más; una que aprendió a no llorar cuando sobraba en una puesta de sol. La que nunca te escribiría esta carta, porque la arrulla el mar.
lunes, 13 de agosto de 2007
Pasos para un baile (Minué)

domingo, 26 de noviembre de 2006
Borrando huellas

sábado, 25 de noviembre de 2006
El Gran Azul
Aguantas la respiración, que se convierte en algo azul dentro de ti que te inunda y se funde con el agua. Te dejas llevar y estiras los brazos; los mueves despacio y te estiras hasta el alma, que se pierde de ti. Durante unos instantes dudas si quieres recuperarla o prefieres no volver a ese mundo de arriba.
miércoles, 22 de noviembre de 2006
Perderme de ti
Llevo tres meses en esta casa, tan cerca y a la vez tan lejos de ti. Veinte minutos a pie, apenas diez en bici. Apenas nos hemos visto; un cruce fugaz en la plaza, un intento de acercarnos que siempre evito porque no quiero volver a ver tus ojos. Toda nuestra historia está encerrada en tus ojos. Al despertar la almohada me ha recordado a ti, acostado a ese lado, yo pidiéndote un abrazo sin hablar. Y el sueño de esta noche, la certeza de que a partir de ahora todo será diferente, mezclado con algún otro sueño pintado de imágenes indescifrables que dejan un poso en cada uno de los sentidos, me lleva a los minutos que pasamos frente al Jardín de las Delicias. Conseguimos alcanzar la primera línea; yo hubiera querido que no hubiese nadie más, que fuese solo para nosotros. Cerré los ojos y deseé que desaparecieran todos para poder cogerte de la mano, llevarte dentro y enseñarte mi paraíso; pero ni siquiera nos tocamos, como tantas otras veces. Ya te me ibas perdiendo por las salas; en algunas pensaba que ibas a desaparecer y, en otras, era yo la que quería diluirme o adentrarme en algún cuadro donde no hubieras existido y romper el hechizo. Y jugaba a alejarme yo, como si fuera capaz de perderme; pero regresaba hacia el lugar donde te había dejado y para encontrarte sólo necesitaba dar con tus ojos, o con el corte tan goloso de tu nuca. Y así sigo jugando, cada vez que nos cruzamos en la plaza, esperando el día, quizá hoy, en que empiece a no regresar.
martes, 21 de noviembre de 2006
Tu nombre, ahora

Y, sin embargo, sabes que no es cierto. Que no te despertó de madrugada un sonido como de cascabeles; que no caminaste descalza hasta la playa. No llegaste a mojar las yemas de los dedos en el rumor de las olas al tiempo que escuchabas un susurro, casi una caricia: Naul. Tu nombre, ahora, será Naul.

