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jueves, 29 de mayo de 2008





Como pisar sin darte cuenta un hilo fino en el que alguien envolvió una trampa, y cuando ya se ha roto, no hay forma de arreglarlo; como el cuento de Barba Azul, como abrir esa habitación.

Como poder perderte en cualquier barra, detrás de cualquier falda, como volver a verte después de tanto tiempo; como preguntarle a tu sonrisa, acariciar tu cabeza. Como volver a no quererte o dejar de hacerlo; como seguir callando sin darme cuenta, por si acaso. Como tu rostro cuando mis lágrimas; como el miedo. Como estar desnuda, que lo estés. Como dejar un hilo... Para que tú lo pises. Como el olvido, como la vergüenza. Como el mar, como esperarte en el mar y luego estar en el aeropuerto. Como la niebla. Como ése lago con el que sueño; como necesitar mucho más tiempo. Como invitarte a cenar para hablarte de todo esto; como querer apagar el móvil para no saber. Nuestra casa. Tus recuerdos. Mis pérdidas. Una mesa. Comerte. Una tarde de lluvia, la falta de luz, la luz, la noche, un beso al despertar.

viernes, 15 de febrero de 2008

Posesión


Esos abismos sobre los que caminé serán siempre míos.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Despertar

Te desmenuzo, bajo la lluvia o a través de un torrente en la ventana. A través del cristal salgo a correr bajo la lluvia y grito que ya no importa; me vuelo en una carrera suicida y hermosa donde no te recuerdo. Y es un instante al final de la tarde, al abrir una ventana; porque la lluvia, de pronto, me parece un prodigio: la noche en el día, esa fuerza del agua, que me va llegando a través de la espalda y los oidos y la ventana aún cerrada. Llegan los recuerdos pero no los veo, los voy tirando a la lluvia, o caen como las gotas o forman parte de la tierra húmeda, y ya no sé quién eres tu pero sí quién soy yo, qué mi cuerpo, qué no amo. Qué amo, la lluvia y la tierra, el mar y ese lugar dentro de mi donde me encuentro, y esos instantes de sobrevolar todo.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Noviembre



Hay una parte de mi que tiene mucho miedo de encontrarse contigo, de escribirte estar carta... Será porque tiene miedo de perderte, o de hacerse daño. Hay otra que intenta desnudarse desde que te siente cerca, porque no sabe hacer las cosas de otra manera. Hay una que dice que guarda demasiados daños que no son tuyos, y otra que aprendió a superarlos. Las dos están de acuerdo en no tener prisa.

Hay una que se quedó en la Isla, sola, mirando al mar, casi al principio de conocer a A, cuando le cerraron las puertas. Y otra que se empeñó en buscarse dentro, en escribirle cartas, en no renunciarse. Hay una que duerme a tu lado, sin importarle nada más, que se deja llevar y siente que todo está bien recostada en tu hombro porque sabe que, si algún día no está, tiene su propio lugar al que volver. Una que ama tus ojos y todas las historias que esconden, que ama ésas historias y el tiempo que llevará desenredarlas, que sabe que nuestras historias también nos permiten amarnos; porque cree, como Martín Garzo, que amar es buscar un misterio en el otro. Hay otra que quiso darse y no encontró a alguien que quisiera recibirlo, y se miró tantas noches en el mar que llegó a sentirse feliz allí, sin necesitar nada más; una que aprendió a no llorar cuando sobraba en una puesta de sol. La que nunca te escribiría esta carta, porque la arrulla el mar.