jueves, 29 de mayo de 2008

Cosas que nunca existieron




Hay tantas cosas que duelen… Tantas, que es difícil enumerarlas. Si fueran bosque les pondría nombre de árbol, y una marca a cada una, para no tener que recordarlas y buscarlas en un saco. Si fueran montaña, las escalaría cada mañana antes de comenzar. El tiempo las va convirtiendo en cosas que no existen; las va haciendo transparentes, igual que a mi. Hasta que desaparezcamos. Como el tiempo, como el mar, como los recuerdos; como todo lo que amo. Tengo la sensación de haber existido ya, de estar convirtiéndome en una sombra. Menguando, como el hombrecito de la película; qué angustioso era, verle menguar hasta ser algo diminuto que luego desaparecería. Supongo que envejecer será eso: ir perdiendo la piel de los sueños. ¿Qué son los sueños? ¿Dónde habitan? ¿Cuál es el país de las cosas que nunca existieron?

jueves, 21 de febrero de 2008

Llorar, llover



Llorar hasta que tocas el fondo de tu alma, hasta que vas abriendo todos los cajones, hasta que salen los gritos que te dieron cuando eras pequeño, las veces que alguien te negó algo, las que guardaste algo que no entendías, las que perdiste, las que no te quisieron. Las que recibiste una llamada que cambiaba todo; las horas en los hospitales, las mudanzas inesperadas. Los momentos en los que no pudiste llorar, porque entonces no lo habrías soportado, y guardaste todas tus cosas en cajas, y te repetiste un montón de veces que no pasaba nada. Las que tuviste que dar la cara frente a los demás, y convencerles de que estabas bien, para sentarte luego en un rincón oscuro. Las que hubieras preferido no hablar, o desaparecer. Las que te diste cuenta de que te habías equivocado. Las que dijiste adiós, sabiendo que era definitivo.

viernes, 15 de febrero de 2008

Posesión


Esos abismos sobre los que caminé serán siempre míos.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Despertar

Te desmenuzo, bajo la lluvia o a través de un torrente en la ventana. A través del cristal salgo a correr bajo la lluvia y grito que ya no importa; me vuelo en una carrera suicida y hermosa donde no te recuerdo. Y es un instante al final de la tarde, al abrir una ventana; porque la lluvia, de pronto, me parece un prodigio: la noche en el día, esa fuerza del agua, que me va llegando a través de la espalda y los oidos y la ventana aún cerrada. Llegan los recuerdos pero no los veo, los voy tirando a la lluvia, o caen como las gotas o forman parte de la tierra húmeda, y ya no sé quién eres tu pero sí quién soy yo, qué mi cuerpo, qué no amo. Qué amo, la lluvia y la tierra, el mar y ese lugar dentro de mi donde me encuentro, y esos instantes de sobrevolar todo.

Ausencias





Como tener un lienzo grande y pintarlo con tu ausencia; como construir una casa, sola, que ya estará vacía antes de terminarla. Como haber empezado a poner los ladrillos para dos y de repente un día te pido que me pases el cemento y no estás ahí, y yo sigo cerrando los ojos y poniendo ladrillos, por si un día regresar a decirme: esa ventana, ¿ahí?

Como tejer los visillos según me enseñó mi bisabuela; como sentarme, con calma, junto a la mesa camilla. Y a oscuras, y en el silencio que sólo rompen el sonido de la luz o el repiqueteo de la lluvia en las ventanas, o una mosca que se colará en verano; sola, tejiendo los visillos, a la luz de un quinqué resucitado, rellenar tus ausencias de otras cosas, de otros mundos...

NOTA: La imagen pertenece a www.juanfrances.com

Despedida


¿Te acuerdas, Naul, de aquella noche? Te dejó en casa como siempre, antes de las cuatro de la madrugada. Era verano. En vez de dormir, seguiste el camino hacia el bosque y fuiste recogiendo paciente, como no habías sabido ser, los guijarros bajo tus pies: uno a la derecha, dos a la izquierda, tres a la derecha, cuatro a la izquierda... hasta que el sol te recordó que nunca podrías guardarlos todos; hasta que caíste rendida allí, en el bosque, en el límite de su casa; llevabas la falda llena de piedrecitas. Y las arrojaste todas en la puerta: una por cada beso que esperaste, dos por cada palabra que tragaste, tres por cada consuelo que no llegó... hay cosas que no pueden contarse con palabras.

martes, 27 de noviembre de 2007

Lembranzas


Naul, las ganas a veces de dormir para siempre, las ganas de no estar en ninguna parte, de no pertenecer. Un animal: la pantera negra. Un lugar: cerca del mar, en Å. Una hora del día, la madrugada, donde todo es posible, la noche infinita. Una época del año, el verano, siempre lleno de magia. Una edad, los 30. Una estrella, Betelgueuse. Un cielo, el de la Isla. Un sonido, el del mar rompiendo. Una sensación, el viento en la cara. Un personaje de ficción: un mago. Un animal mitológico: el dragón. Estar lejos de todo. El bosque. Presente infinito, debería ser un verbo. Un estado, la meditación. Algo más en la piel, la arena bajo los pies. Un verano, éste. ¿Volver atrás? Estar en una terraza con mis tíos. Brindar con ellos.