Hay tantas cosas que duelen… Tantas, que es difícil enumerarlas. Si fueran bosque les pondría nombre de árbol, y una marca a cada una, para no tener que recordarlas y buscarlas en un saco. Si fueran montaña, las escalaría cada mañana antes de comenzar. El tiempo las va convirtiendo en cosas que no existen; las va haciendo transparentes, igual que a mi. Hasta que desaparezcamos. Como el tiempo, como el mar, como los recuerdos; como todo lo que amo. Tengo la sensación de haber existido ya, de estar convirtiéndome en una sombra. Menguando, como el hombrecito de la película; qué angustioso era, verle menguar hasta ser algo diminuto que luego desaparecería. Supongo que envejecer será eso: ir perdiendo la piel de los sueños. ¿Qué son los sueños? ¿Dónde habitan? ¿Cuál es el país de las cosas que nunca existieron?
jueves 29 de mayo de 2008
Cosas que nunca existieron
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Madrugadas